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22/9/14

La magia de Pensar en grande

Por Héctor Medina Varalta

Algunas veces al ver a un individuo sin estudios, cosechando mucho más fortuna que una persona con una educación exelente, nos hacemos esta pregunta: ¿por qué las personas con menos preparación tienen mayor éxito? Esta interrogante nos las da esta anécdota, comentada por Mark McComarck en What They don't teach at Harvard Bussiness School (Lo que no enseñan el la Facultad de Comercio de Harvard): "Se trata de la historia de dos amigos que se encuentran en la calle después de no verse después de 25 años. Uno era subdirector de la sucursal de un banco; el otro, cuya inteligencia nunca había sido muy sobresaliente, poseía un exitoso negocio y era multimillonario.
Cuando su amigo le preguntó el secreto de su éxito, le respondió que era muy simple: 'Compro un producto que cuesta dos dólares y lo vendo a cinco. Es asombroso todo el dinero que se puede hacer con un beneficio de tres dólares'. MacComarck concluye: "No tengo ningún prejuicio contra la inteligencia, ni siquiera contra los diplomas de estudios superiores, pero todo esto no puede reemplazar al sentido común, la intuición psicológica y la sabiduría popular."
Mentes privilegiadas
Por supuesto, esto no quiere decir que las cademias o facultades no son necesarias, pero algunas mente "privilegiadas" (tenacidad, duro trabajo y fe en sí mismos) han logrado hacer mucho más que algunos egresados académicos. Tenemos el caso de Soichiro Honda, quien abandonó la escuela a muy temprana edad, pero más adelante retomó los estudios para perfeccionar ciertos conocimientos. No obstante, no le interesaban en nada los diplomas. En cierta ocasión dijo: "Un diploma es menos útil que una entrada de cine. Con una entrada de cine uno puede al menos entrar en la sala y pasar una buena veloada; pero con un diploma no se está muy seguro de poder entrar en la vida."
Amor al trabajo y a la obra

Mauro Rodríguez Estrada, autor de Psicología de la creatividad, escribe: "El éxito o el fracaso están dentro del hombre; si se emprende algún proyecto hay que terminarlo sin importar los obstáculos. Algunas personas llegan a la primera etapa y ahí se quedan,, sin pasar adelante. Pudiendo ser creadores de alto nivel, sucumben a la apatía y se condenan a vegetar en la mediocridad. Los grandes nunca se han limitado a las ocho horas de trabajo, ni han excluido de él los sábados y los domingos (...) Muchas veces el creador se parece al alpinista que suda y jadea una y otra vez antes de disfrutar el aire fresco de la cima. El examen de las biografías de los grandes desmiente el mito de la espera cómoda y posiva-hasta que llegue la inspiración, o hasta que se prenda el foco. Es verdad que existe, más como excepción que como norma, el genio desordenado, pero nunca el genio holgazán y comodino. El amor al trabajo y a la obra. Pero paradójicamente requiere al mismo tiempo actitudes dinámicas, agresivas, ambiciosas. Un acentudado poder creador redunda en actuaciones de gran compromiso, con sentido de misión y de destino."
"Ignorante pacifista"

Durante la Primera Guerra Mundial, un periódico de Chicago publicó ciertos artículos en los que, entre otras manifestaciones, se tildaba a Henry Ford de "ignorante pacifista". Ford se indignó y denunció al periódico por difamación. Cuando se celebró el juicio ante los tribunales, los abogados del periódico exigieron una justificación y colocaron a Ford en al estrado de los acusados con el exclusivo objeto de demostrar al jurado que era un ignorante (...) Ford se vio abrumado por preguntas tales como: "¿Quién fue Benedict Arnold?", "¿Cuántos hombres enviaron los británicos a América para aplacar la rebelión de 1776?" En respuesta a esta última pregunta, Ford replicó: "No sé con exactitud el número de soldados que enviaron los ingleses, pero he escuchado que fue un número mucho mayor que el que regresó a su patria."
Una buena lección
Finalmente, Ford, Cansado de aquel interrogatorio y contestando a una pregunta ofensiva, se inclinó sobre el estrado y señaló con un dedo al abogado que había hecho la pregunta, declarando: "Si realmente deseara yo contestar a la estupidez que usted acaba de formular y a las demás preguntas, permítame recordarle que sobre mi mesa de depacho tengo una larga fila de botones y puedo llamar en el acto a mis ayudantes que inmediatamente contestarán a cualquier pregunta que yo les haga relacionada con mi negocio. Ahora, ¿sería usted tan amable de decirme para qué voy a atiborrar mi cerebro de conocimientos generales con el propósito de contestar preguntas, cuando tengo a mi alrededor personajes que pueden suministrarme cualquier conocimiento que necesite'". Aquella respuesta hizo enmudecer al abogado. Los ahí presentes se dieron cuenta que la respuesta no era la de un hombre ignorante.
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