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7/12/14

La Argentina País Invitado de Honor a la Feria del Libro de Guadalajara 2014

Diego Golombek y Alberto Kornblihtt en el Foro de Cultura Científica, Mesa sobre Cortázar y Ricardo Forster en coloquio sobre Bicentenarios

 

El importante Coloquio Internacional de Cultura Científica que se celebra al interior de la Feria Internacional de Guadalajara contó hoy con la participación de dos importantes científicos y divulgadores argentinos, el Dr. Diego Golombek (Director de la colección “Ciencia que ladra” en Siglo XXI) y el Dr. Alberto Kornblihtt (Doctor en Ciencias Químidas y biólogo molecular argentino). Ambos participaron de la mesa “Divulgación Científica y democracia: la ciencia es de todos”, junto con el prestigioso historiador de la ciencia el Dr. José Manuel Sánchez Ron (Doctor por la Universidad de Londres). En la misma, se debatieron dos ejes principales: por un lado, las formas en que la divulgación científica puede dialogar con las políticas públicas, y por el otro el carácter interno de la ciencia, la conformación de los procesos de construcción del saber y sus tensiones con la democracia. Sánchez Ron, que abrió el panel, declaró que “La revolución científico tecnológica actual tiene en su centro a la biología molecular y a la biomedicina. La primera mitad del siglo XX fue la de la física cuántica y la de la relatividad, que no afectaban tan directamente a nuestra vida y los cuerpos de nuestros descendientes. Pero la revolución en curso plantea problemas sobre cómo orientar los desarrollos posibles de esa disciplina. Por eso, los científicos también deben intervenir en las columnas de opinión, no sólo cuando se los convoca para temas de investigación y desarrollo”. A su turno, Diego Golombekhabló en primer lugar de las políticas científicas: “En el organigrama de los estados parece que la ciencia es una consecuencia de la educación. En la Argentina, al menos en la imaginación, la Ciencia es un Ministerio autónomo. Eso habla de que en el imaginario la ciencia ocupa un lugar preponderante”, y luego de la cultura científica ”la organización interna de la ciencia tiene algo aristocrático. Hay una idea de asociar lo democrático con el relativismo científico y eso es absolutamente falso y tremendamente peligroso”. También destacó su experiencia como difusor científico en Tecnópolis: “Me sentía un poco como en The Globe, el teatro de Shakespeare, con un público que participaba activamente porque nunca había estado o participado”. Alberto Kornblihtt abrió su intervención con un pedido de justicia para los desaparecidos de Ayotzinapa. Luego, dijo que “Los gobiernos están demasiado preocupados por la transferencia tecnológico, pero la enseñanza de la ciencia es la transmisión del pensamiento crítico, y ese pensamiento crítico es peligroso para las dictaduras”. Con respecto al desarrollo de la ciencia en Argentina, agregó que “Los últimos doce años de gobierno han beneficiado la calidad de nuestra producción científica, por una mayor transparencia en las evaluaciones del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas”.


Por la tarde, una nueva mesa con escritores argentinos evocó a la figura de Julio Cortázar en el centenario de su nacimiento. La excusa fue preguntarse ¿Porqué Cortázar es el autor más traducido del Programa Sur de apoyo a las traducciones?, y participaron los argentinos Mario Goloboff, Saúl Sosnowski, Liliana Heker y Luisa Valenzuela. Con el disparador de que el programa de apoyo a las traducciones facilitó la traducción de 854 títulos en 38 idiomas a 44 países en sólo 5 años de existencia, Mario Goloboff reflexionó sobre el Cortázar traductor, y rescató “su tendencia a alterar las normas gramaticales, a alterar ciertos léxicos y también las operaciones lingüísticas a las que algunos llaman juegos. Cortázar fue esencialmente un traductor de lenguas, de lenguajes”. Luisa Valenzuela se centró en Rayuela, y recordó una frase el escritor mexicano Gonzalo Celorio “Si desaparecieran todos los ejemplares de Rayuela, en México lo podrían reescribir porque todo el mundo sabe algún capítulo de memoria”. Evocó también el lugar de los puentes que tiende Cortázar en su literatura. “Debe ser muy alentador para los traductores, porque uno tiene que entrar a esos mundos, Cortázar no puede traducirse desde afuera”. Saúl Sosnowski eligió analizar las listas de traducciones que obtuvo la obra de Cortázar: curiosidades como “Queremos tanto a Glenda” al ucraniano, “La vuelta al día en 80 mundos” al rumano, “Rayuela” al georgiano o “62. Modelo para armar” traducido al búlgaro. “Me llamó la atención que la traducción de Rayuela al hebreo tuvo una edición de tres mil ejemplares y se agotó rápidamente. Y lo otro que fue sensacional, es que el traductor Ioram Meltzer hizo una traducción del glíglico en la que la gente se moría de risa, porque logró una interpretación gloriosa”. Luego llegó el momento de Liliana Heker, quien recordó al escritor con gran cariño. “ “Como homenaje entrañable, me gustaría hablar un poco de ese Cortázar que todavía no era clásico, que era casi desconocido. El conocimiento de Cortázar es parte de mi experiencia de formación. Muchos de nosotros empezamos a conocer a Cortázar a partir de “Las Armas Secretas”. Sólo se sabía que vivía en París. Como en “Los Premios” nombraba a la confitería London, íbamos con Abelardo Castillo a la confitería London e intentábamos adivinar cuál de los señores que merendaban ahí era Cortázar”.

 

Finalmente, cerca de la noche, se celebró el coloquio “Bicentenarios: Una lectura descolonizada de la historia”, con la participación de Ricardo Forster, Carlos Anguita y Carlos Ulanovsky. Anguita, reconocido periodista argentino, abrió la mesa contando que “me sentí como que descubría la realidad oculta cuando leí “Las venas abiertas de América Latina”, de Eduardo Galeano. No obstante, la realidad actual es mucho más compleja, y ya no puede describirse en blancos y negros como en los 70”. Ricardo Forster, por su parte, opuso el México al que llegó como exiliado con el México actual, mucho más complejo. “El México al que llegué a fines del 76 me impactó por su luz. Venía del invierno de los Estados Unidos, y del peor invierno de la dictadura argentina, y encontré en la UNAM un espacio de libertad, de debates, de intensidades” afirmó.Y agregó también que el México de hoy frente al horror de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa se encuentra ante una situación límite en la cual debe encontrarse con sus tradiciones más profundas, que consideró como tierra, pan y libertad.Carlos Ulanovsky, por su parte, comentó que la pregunta sobre si seguimos con una visión colonizada o no de nuestra historia persiste, y que sigue generando debates enriquecedores. También comentó el interés en México por la Ley argentina de Servicios de Comunicación Audiovisual, que apunta a desmonopolizar el mundo de los medios.

El debate concluyó con una reflexión acerca de la importancia de estas mesas para que en un mundo hiperglobalizado como el nuestro, estos intercambios ayuden a los pueblos a identificarse y ayudarse.

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