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18/7/12

Revelan fascinante historia de la cinefotografía en México

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·  Hugo Lara y Elisa Lozano presentan el libro Luces, cámara, acción: Cinefotógrafos del cine mexicano 1931-2011

·  También se contará con la participación de Rafael Aviña, Toni Kuhn, José Luis Ortega y Serguéi Saldívar

Después de una labor de investigación que se extendió por 18 meses y en la que revisaron más de 3 mil 200 fotografías de acervos públicos y privados, se presentará el libro Luces, cámara, acción: Cinefotógrafos  del cine mexicano 1931-2011, de Elisa Lozano y Hugo Lara, editado por el Instituto Mexicano de Cinematografía, la Cineteca Nacional y el Festival du Film d´Amiens.

La decisión para hacer una revisión monográfica e histórica sobre los cinefotógrafos se debió a la inexistencia de una publicación que abordara la labor de estos profesionales de una manera global, desde el establecimiento del cine sonoro hasta la época actual “existen varios libros sobre Gabriel Figueroa pero en México ha habido, sólo de largometrajes de ficción, más de 600 fotógrafos entre los que se encuentran figuras importantes como Jorge Stahl, Alex Phillips y Rosalío Solano o Rodrigo Prieto, Gabriel Beristáin, Emmanuel Lubezki y Guillermo Navarro, por mencionar a algunos”, señaló Hugo Lara.

Elisa Lozano, quien se abocó al periodo comprendido entre 1931 y los años 70 resaltó los momentos claves de esa etapa: “se pasa de un cine casi artesanal en el que todos ayudaban en todas labores, pero es en el 31, cuando llega Alex Phillips  de Hollywood, donde estaba muy establecido el cine de estrellas y el papel que cada uno ocupaba en una producción, se empieza a organizar la industria en México…”

“En los 30’s, los fotógrafos se nutren de fuentes pictóricas como el muralismo, de la fotografía fija y del cine expresionista alemán y el de Hollywood, en esa década se hacen cosas muy vanguardistas, Eisenstein acababa de irse del país y estaba muy fresca la llegada de Tina Modotti; en los 40’s llega la etapa de esplendor con una mayor producción de películas, la construcción de los Estudios Churubusco, el establecimiento de unstar system; más adelante, la llegada del color al cine supone un reto estético y técnico para los cinefotógrafos”.

Sobre el periodo que le tocó investigar, Lara Chávez destacó a los relevos generacionales que se dan hacia fines de los años 60 culminan en los 80: “en ese entonces había una política de cerrazón en los gremios fílmicos, sólo se permitía el ascenso por escalafón, muchos cineastas y fotógrafos de vanguardia como Rafael Corkidi y Rubén Gámez se enfrentaron a esta situación, o como les pasó a Arturo de la Rosa y a Ángel Goded que se incorporaron tardíamente a la realización de largometrajes de ficción; después, a causa del envejecimiento de los miembros de los sindicatos, pudo llegar la nueva generación que transformó a la industria, la renovación fue inevitable. Ahora nos encontramos en medi o de la transición digital que está marcando un cambio en el cine a nivel mundial”.

El investigador indicó que para desarrollar Luces, cámara, acción, acudieron a los archivos fotográficos del Imcine, la Cineteca Nacional, la Filmoteca de la UNAM, Cinemas Lumiere y a las colecciones del productor Roberto Fiesco y de los fotógrafos de fijas Eniac Martínez, Federico García y Alberto Vázquez, entre otros: “hay varias imágenes inéditas de películas como Mecánica nacional, Fe, esperanza y caridad, Amores perrosy Chicogrande”.

El también periodista subrayó que fue difícil condensar la historia de la cinefotografía en México ya que ésta “es tan diversa como el mismo cine nacional” y agregó que alguno de los temas sobre los que reflexiona el libro son la globalización, el impacto de otros medios como la televisión y la internet en el trabajo de los fotógrafos y la presencia de una tradición y un estilo en los profesionales de la lente: “la mayoría dice que no porque ellos se acoplan a las necesidades de la historia y de su director pero hay ciertos aspectos que unen las obras de fotógrafo como el uso que Lubezki hacía, a principios de los 90, de la luz suave”, detalló Lara sobre el último punto.

Acerca del reconocimiento que México hace de los cinefotógrafos, el autor mencionó: “es mucho menor que el que se le brinda a los directores y actores pero aún así, su trabajo es muy apreciado y eso se demuestra en el hecho de que en las escuelas de cine la segunda opción de especialización es la fotografía. Además, ha habido nombres que, a partir de la internacionalización y la obtención de premios en el extranjero, le han dado mayor lustre al gremio”.

Y sobre el papel que han jugado las mujeres en la cinefotografía, Elisa Lozano apuntó: “para ellas era casi imposible ascender en el escalafón sindical, por eso su incursión en forma se da en los 80 con Laura Ferlos, quien hacía las películas de Lola La Trailera, luego llegó Celiana Cárdenas y más adelante han surgido otros nombres como los de María Secco, Érika Licea y Dariela Ludlow”.

Sin embargo, aclaró Lozano, hay antecedentes desde la década de los 10 del siglo pasado con las hermanas Elhers y Elena Sánchez Valenzuela, quien fue la primera protagonista del clásicoSanta, hizo cortometrajes para la Secretaría de Educación Pública y fundó la primera cineteca en México.

La investigadora subrayó que Luces, cámara, acción es un primer esfuerzo que traza líneas para futuras investigaciones: “cada uno de los cinefotógrafos debería tener su propio estudio; a mi me gustaría adentrarme en la obra de Alex Phillips y Alex Phillips Jr.; en la de Antonio Reynoso que fue maestro de Rafael Corkidi, quien a su vez, se revela como una gran personalidad de la experimentación; en la de Víctor Herrera que hizo La barraca de Gavaldón, en la de Ignacio López…”

Y agregó: “queremos hacer otro libro en el que incluyamos a Francisco Bojorquez, a Carlos Hidalgo,  a Álvaro Garcés Colín, que en la década de los 60 fotografió películas de luchadores, de ciencia ficción, además de Los Caifanes; a él lo localizamos hasta que ya estaba el libro pero es una figura fundamental”. 

De las anécdotas que rescata del desarrollo de la publicación, Elisa Lozano relató: “Rodrigo Prieto recuerda de manera entrañable cómo de chico hacía figuras de plastilina con su hermano, las filmaba, las tallaba con negativo; Rafael Corkidi fundó, con recursos propios, una escuela de cine para niños en situación de calles; Martín Boege nos contó que desde chico le ayudaba a filmar imágenes a su papá que era antropólogo, eso le dio una sensibilidad especial para filmar imágenes que captan los problemas sociales del país; o Alexis Zabé que tiene una filosofía de vida y de integración con la naturaleza que traslada a su cine”.

Finalmente, Hugo Lara dijo que Luces, cámara, acción cuenta con 22 entrevistas -una de ellas inédita de Nelson Carro a Gabriel Figueroa- a diversos cinefotógrafos, además de un par de textos, uno escrito por el director del CCC Henner Hofmann, sobre la enseñanza de ésta disciplina en los centros de estudio, y otro firmado por Jean Pierre García, director del Festival de Amiens, acerca de la influencia de los artistas extranjeros en los fotógrafos mexicanos.



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